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Dentro de la música existe un género que provoca que las personas se emocionen

Este proyecto está dedicado a la creación de un centro de conocimiento y evolución de LA HABANERA en todo el mundo, con el objetivo de aumentar el nivel de comprensión del fenómeno musical que representa ACTUALMENTE.

Sin entrar en "los orígenes" ni tampoco en "la historia" de la misma, sino en el estado de hoy, en el siglo 21, a través del debate creativo constante y el análisis objetivo y realista de la calidad productiva de los grupos actuantes, la creatividad de los compositores, letristas y arreglistas y la gestión de las asociaciones inherentes al género, todo esto en relación estrecha con el público que asiste a conciertos en directo o consume habaneras editadas en disco.

Sea esta la puerta de entrada para una nueva perspectiva.

No dejes de visitar Compositores de La Habanera, dónde encontrarás partituras en formato PDF y arreglos musicales en MIDI.

Si tenéis un grupo de música y deseáis promocionarlo, en esta web visitad Consejos de La Habanera.

Gratuitamente pondremos la promoción que necesitéis.


martes 3 de noviembre de 2009

Añoranzas de Cudillero

Estimados lectores:







Crónica de V. DÍAZ PEÑAS, Cudillero, anunciando el ya noveno Festival. Una muestra fehaciente de la afición, tradición y estima que por La Habanera se siente y se vive realmente en nuestra querida Asturias.


"Un total de doce corales participarán en el noveno certamen internacional de habaneras y canción Marinera «Añoranzas de Cudillero» que fue presentado ayer en el concejo pixueto"




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jueves 29 de octubre de 2009

Quim Xena: vivencias de un músico. Capítulo 15º

Estimados lectores:




Último capítulo de la primera parte alrededor de la vida de Quim Xena como músico. Más adelante continuaremos publicando los asuntos y avatares de este buen artista; mientrastanto, disfrutad repasando todos los capítulos editados hasta el momento.


Quim Xena: "mi idea es ir introduciendo al posible lector en el mundo de las habaneras empezando por mis propias vivencias."

afinando la vieja guitarra
CAPÍTULO XV


Y llegó el sábado.

Desde que me levanté, a las cinco de la madrugada, no había parado de tocar una tras otra las habaneras de mi repertorio, centrándome, ahora, en la mejora de la interpretación.

Incluso di unos últimos retoques en La barca y el mar - mi primera habanera.
Desde que la había estrenado hacía unos años en el Concurso de Canción Marinera de Palamós, acompañado de contrabajo, flauta, percusión y laúd, la había estado mejorando hasta estar seguro de que no le faltaba ni le sobraba ninguna nota. Finalmente la había convertido en una balada-habanera que, años después, elogió el amigo y maestro Ortega-Monasterio.

Con el ánimo y la guitarra bien afinados, enfilé decidido el camino hacia Calella de Palafrugell.

Empezaba a hacer calorcito y el sol lucía elegante sobre la Mediterránea. Llegado a la Plaça del Port Bo, como ya era mi costumbre, bajé los escalones y me senté en la playa, junto a una de las barcas que reposaban en la arena de la pequeña playa.

El bar El Didal aún no había abierto sus puertas. Antiguamente había sido una cueva-refugio donde se guardaban pequeñas embarcaciones de litoral ante el peligro de temporales de llevant o migjorn. Ahora se había convertido en un agradable local a ras de playa llevado por Pere Cortey, con quien aún conservo una grata amistad.

Esta vez había llegado un poco demasiado pronto. Can Batlle estaba completamente en silencio, lo que significaba que no había nadie.

Tenía ganas de sacar la guitarra de la funda y ponerme a tocar mientras esperaba. Pero no lo hice.

- Saborea esta placidez, ahora que parece que la mar, la tierra y tú mismo comulgáis del mismo espíritu. Escucha bien las olas que quizás te dejarán oír melodías creadas oleadas allá. Mantén tus sentidos bien despiertos para saborear su canto y hacerlo tuyo. Aprende a traducir los mensajes que el mar te da en melodías y palabras comprensibles para aquellos que son tan afortunados como tú.

Devuelto al estado anímico decidí entrar en Can Batlle. Tenía ganas de revivir una cantada como la de la semana pasada y, sobre todo, tenía ganas de que me invitaran a tocar y mostrar todo lo que había aprendido.

Según mi humilde entender, por fin estaba listo y me salía bien.

Tomás estaba detrás del mostrador en un posado medio dormido. Sólo de oír chirriar la puerta, sin embargo, despertó.

- Ya estás aquí chico? - Me dijo mientras su perro me olía juguetón.

Su mujer, Rosa, también me saludó - No sé a qué hora vendrán hoy. Pasada la Semana Santa todo el mundo vuelve a trabajar y llegan un poco más tarde. Pero como hace buen tiempo seguro que vienen unos cuantos - Y dicho esto volvió a su trabajo.

Tomás me hizo un café y, mientras la cafetera hacía su trabajo, aprovechó para llenar su pequeño vasito de whisky y encender su Ducados. Después de servirme el café fue a encender la tele.

- Para mí no es necesario que la pongas en marcha, ya estoy acostumbrado a pasar de la caja tonta.

La cerró enseguida.

- Como va la guitarra chico? Pronto vendrán los cantantes - y se sentó en un sillón para esperar.

No me señaló que guardara la guitarra en el armario, aunque lo tenía al lado.

Alguien, por fin, entró por la puerta y detrás de él algunos más. El silencio se rompió para dar entrada al calor humano. Tomás, como si fuera un rayo, se levantó del sillón, se desprendió del todo del posado de aburrimiento y, como si se hubiera vuelto un jovencito, recibió alegre y jovial a los recién llegados. Aquello era vida para él.

¿Qué habría sido de su taberna sin los cantores? ¿Y qué hubiera sido del mundo de las habaneras sin un local como ese?

Un lugar donde se reunían profesionales y aficionados al canto y donde, incluso, se hacían y se negociaban alquileres de grupos y cantadas. En aquel tiempo, en ningún otro lugar de Cataluña se podía encontrar un lugar similar, relacionado con las habaneras y la canción de taberna.

Recuerdo el divertido comentario de un buen amigo y fiel seguidor de las habaneras:

-Can Batlle es la catedral de las habaneras y Tomás es el obispo.

La gente iba entrando en cortos espacios de tiempo y todo el mundo se iba sentando en el lugar que le era habitual, como aquel que tiene un palco en el Liceu.

Cuando entró el que solía acompañar a los cantores con la guitarra, Tomás se apresuró a traerle la guitarra del armario. Él intentó afinarla, tan fugazmente que quedó a medio hacer y, enseguida, se oyó una voz gritando:

- Cantemos ...!

Todos, o casi todos, se añadieron a la cantada. Después de la una, la otra ... el ambiente de la taberna subía de grado y emoción. Yo me volví a quedar embelesado.

Después de un par de horas el calor se fue enfriando y la gente empezó a desfilar para ir a cenar. El guitarrista seguía tocando. Hacía rato que había pasado de las habaneras a los boleros: Solamente una vez y gilipolleces similares que aburría al personal.

Fue entonces, cuando sólo quedaban cuatro gatos resignados, que Tomás se dirigió al guitarrista y le dijo:

- ¿Puedes dejar tocar un poco a este chico?

Él me echó un vistazo, dejó la guitarra sobre la mesa sin demasiadas ganas y se levantó despidiéndose.

En el primer momento me quedé un poco parado, ya no esperaba que Tomás me invitara a tocar. Desenfundé mi guitarra "trovadora", la acaricié para comprobar si seguía afinada y fui a sentarme en el mismo lugar donde había estado tocando el otro.

Toqué mi primera habanera para guitarra solista - nunca he recordado qué escogí. Durante mi interpretación no oí ni volar una mosca en ese local y, cuando terminé, sentí un general aplauso que, me cogió desprevenido.

Terminada mi actuación di las gracias a todos y, cuando quería volver a mi rincón, un señor ya de edad, que estaba sentado en una mesa cercana con su señora, me invitó a sentarme con ellos.

La señora enseguida se puso a hablar elogiando mi actuación y iniciando todo una ristre de preguntas:

- ¡Habrás estudiado mucho para tocar así!

Traté de explicarle la satisfacción que me daba tocar habaneras y, incluso, me atreví a confesar que ese lenguaje musical tenía una especie de poder sobre mí o mis neuronas que me hacía reencontrarme, de alguna manera, con mis antepasados, marineros y pescadores, o conmigo mismo a la edad de 12 años, cuando el tío me llevaba mar adentro a pescar la langosta.

Escuchado mi "discurso" ella miró la expresión de la cara de su marido dándole pie - o así me pareció - de establecer su conversación conmigo. Ya se sabe que, desde muy antiguo, las señoras son mucho más aduladoras que los hombres.

- Yo he llegado donde he llegado gracias al estudio - empezó él.

En aquel momento no sabía con quien estaba hablando. Ni siquiera cuando Tomás me dijo su nombre no supe quién era.

Más adelante sí supe que mi anfitrión era conocido por el sobrenombre de "Príncep de la Tenora", Ricard Viladasau, uno de los músicos y compositores más apreciados del mundo de las sardanas y el mejor instrumentista de su instrumento.

- Estudia mucho, aún eres joven, con poco puedes vivir y ya irás progresando. Con tu sensibilidad y talento puedes llegar lejos. Te puedo decir que nunca había oído tocar la guitarra así por aquí.

Me quedé mudo, no sabía qué responderle. Por fin encontraba alguien que entendía la manera de tocar que yo perseguía, aunque me encontrara a medio camino. Que seguiría adelante ... no tenía ninguna duda, que conseguiría abrirme camino ... no lo veía tan claro.

Me dejaron anegado en nuevas cavilaciones y múltiples agradecimientos, estaban invitados a cenar a Llafranc y ya iban tarde.

Can Batlle se quedó solo, con Rosa, Tomás y yo, que me aferraba a aquella noche.

Cuando el reloj casi llegaba a las once decidí que ya era hora de volver al mundo real. Me despedí de Tomás y Rosa y, de nuevo, les di las gracias.

- Vuelve cuando quieras chico, aquí es tu casa - dijo Tomás.

Me había abierto la puerta de la casa de las habaneras.

Saliendo de Can Batlle no pude reprimir el impulso de acercarme al punto donde rompen las olas en la playa del Port-Bo y dar también las gracias a las divinidades por los acontecimientos que acababa de vivir.

Estaba muy contento.

Después de un rato de meditación, cuando sentí mi cuerpo húmedo y frío, retomé el camino hacia Ermedàs. Desde lo alto del ciprés plantado al lado de la casa, me saludó el búho.

Antes de meterme en la cama todavía destiné un rato a repasar los temas que había tocado. Por fin estaba convencido.

Había que seguir escuchando, aprendiendo y estudiando las habaneras, las canciones de taberna, aquella expresión poético-musical de nuestra cultura popular. Aunque era un aprendiz.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

Quim Xena
Octubre de 2009



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lunes 26 de octubre de 2009

El Botifarra llena Xàtiva

Estimados lectores:





Artículo de VICENT SORIANO







Un artista a tener muy en cuenta: El Botifarra

"Después de su primer trabajo, 'Si em pose a cantar cançons' que sonaba como una amenaza, ahora la amenaza se hace más patente con este segundo trabajo 'T'en cantaré més de mil', donde Botifarra recoge habaneras, jotas, folies, malagueñas y granadinas. Recupera, así, las canciones tradicionales de la comarca, que solo recordaban los más viejos de cada pueblo. Botifarra está consiguiendo cosas que parecían imposibles como que los niños y jóvenes canten estas canciones"






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domingo 4 de octubre de 2009

Las Corales y La Habanera






Me gustaría recibir información de las corales de TODO EL MUNDO que tienen al género de la habanera como parte fundamental de su repertorio y que son su sello de identidad.

Me interesaría saber de sus actividades, proyectos, cuerdas, componentes, directores, conciertos venideros, etc, para promocionarlas desde el blog, ya que, normalmente, del trabajo de las corales, que sé que es mucho, no se realiza demasiada difusión y no es justo. Una coral es una institución cultural viva, de equipo, donde se comparten muchas ilusiones, momentos y vivencias.
Vamos a dar imagen a ese trabajo anónimo.

¡Salud!

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lunes 28 de septiembre de 2009

Quim Xena: vivencias de un músico. Capítulo 14º

Estimados lectores:




Otra entrega de la vida de Quim Xena como músico. Un ejemplo de superación y buen hacer en su estilo, que sirve para darse cuenta de cómo va entrando poco a poco la habanera en el tuétano de quien la prueba, hasta llegar a amarla apasionadamente.

Quim Xena: "mi idea es ir introduciendo al posible lector en el mundo de las habaneras empezando por mis propias vivencias."


afinando la vieja guitarra
CAPÍTULO XIV



Un día empujando al otro y casi sin querer llegó la Semana Santa. Cosas del calendario.

Hacía semanas que me preparaba para presentarme a la, entonces conocida, Catedral de las Habaneras de Cataluña, o sea, Can Batlle de Palafrugell.

Y también hacía semanas que mis inquietudes no dejaban de dar vueltas y más vueltas en mi pensamiento. Mi canto no me acababa de satisfacer pero me moría de ganas de mostrar al público mis avances en la interpretación a la guitarra. Estaba seguro que esto les sorprendería!.

Yo sólo me lo calentaba, me lo comía y me lo digería, siguiendo invariablemente el mismo proceso al que están sometidos los solitarios. Empezaba a echar de menos la compañía de alguien con quien compartir mis ansias e inquietudes.

Y así hasta que un día me levanté con la resolución tomada y la paz restablecida.

*El domingo voy a Can Batlle.

De todos modos, los días anteriores a la semana de las procesiones me dediqué a repartir mis pinturas por diferentes tiendas del Empordà y de Girona. El sistema era sencillo, las dejaba en depósito y pasadas unas semanas volvía para saber qué se había vendido y, según el caso, cobrar las ventas o retirar las existencias.

A media tarde del domingo cogí la guitarra y enfilé el camino de las rocas del elefante (tal como le llamaba mi amigo pintor Danilo) con la brújula fijada en Can Batlle. Llegado a las escaleras de la Plaça del Port-Bo decidí acercarme al mar y respirar un momento su aliento antes de entrar en la taberna. Desde allí sentía como cantaban.

* Tranquilo, ahora voy - tuve que decirme sintiendo la impaciencia que me empujaba a volver a subir escaleras arriba y adentrarme en ese mundo de habaneras.

Justo pasar por la puerta, una impresionante bocanada de humareda y calor me dejó medio abatido.

El local estaba tan lleno de gente que parecía las gradas del campo del Barça en un partido contra el Madrid. Sin embargo, el ambiente era cautivador y la habanera que se estaba cantando resonaba celestial en el espacio. Me fijé en ese local a reventar de gente, algunos sólo escuchaban y otros seguían la canción que cantaban los cantores en voz baja, formando un murmullo de fondo sobrecogedor. Aparentemente hacía rato que la cantada había empezado, así que yo debía llegar un poco tarde.

Me quedé parado justo donde me había quedado al cerrarse la puerta detrás de mí hasta que Tomás, el buen Tomás, me vió me indicó un lugar donde sentarme.

Desde mi nueva posición, me di cuenta que el ambiente de aquel día en Can Batlle era diferente a las cantadas que anteriormente había asistido a Ca la Raquel, con gente del pueblo que iban a merendar y cantar cuatro habaneras. En la cantada de Can Batlle, ese día, se desprendía cierta profesionalidad. Cosa que yo aún no había escuchado nunca.

Tomás me sirvió una cerveza y me recomendó que guardara la guitarra en un pequeño armario empotrado. Seguidamente lo vi como se dirigía, sonriente, a abrir un poco una de las ventanas para renovar la apretada atmósfera que se había ido creando en la taberna.

Yo acabé sentándome en el único taburete que quedaba libre, al final del mostrador, justo detrás de una agraciada señora de cabello rubio que se volvió un instante para saludarme con la mirada.

Tomás se me acercó:

* Escucha esta, chico!

* Adiós mi península hermosa ... - Primero pensé que se refería al Cap de Creus. Pero no, la canción se refiere a la Península Ibérica, portugueses incluidos.

* Salió de Jamaica ... - Cantada de aquella manera tan alegre, no me di cuenta que se trataba de un capitán borracho al que se le hunde el barco.

Me fijaba en los cantores y, sobre todo, en el guitarrista que se lo montaba bien con cuatro o cinco acordes.

Tomás se volvió a acercar y me presentó los cantores:

* Ese es Francisco, ese es el abuelo Mèliu, ese es Tito, ese es en Fonso del Port Bó y el de la guitarra es Josep Bastons del Peix Fregit.

Alguien pidió un Valset y el grupo se puso a cantar "El mar es bo, el mar es blau" ...

Diría que fue la única canción en catalán que escuché en aquella velada.

Parecía extraño que estuviéramos en el Empordà.

La señora rubia de delante de mí se volvía de vez en cuando y me daba un vistazo. Yo seguía a mi rollo.

Se terminó formando una única voz que repetía: "El mar es bo, el mar es blau" ...

Y, cuando se acabó la canción el aplauso fue absoluto. Más tarde supe que aquella canción se llamaba Vell Pescador le había escrito un músico de Sant Feliu de Guíxols. No tardé mucho en incorporarla a mi repertorio (y aún ahora se lo mantengo).

La fiesta seguía animada y, cuando ya se acercaba la hora de ir a cenar, fue Tomás quien salió a cantar. Él, de pie, genio y figura, soltó su tango y un par de canciones más. El aplauso fue generoso. Justo después la gente empezó a desfilar.

Yo iba mirándolos como salían sin moverme de lugar. Interiormente me sentía un poco frustrado por no haber tenido la oportunidad de tocar.

Esta vez Tomás se acercó acompañado de uno de los cantores, un chico de mi edad:

* Quim ... este es en Fonso, cantante del grupo Port-Bó.

* Este es Quim, que quiere aprender habaneras.

* Pues ven por aquí a menudo, que seguro que n'aprendràs-comentó el cantor.

Cuando me dirigía a recoger mi guitarra Tomás todavía me dijo

* Ven el próximo sábado hacia las ocho, que podrás tocar.

* Entendido Tomás.

Antes de salir por la puerta me volví para volver a dar un vistazo al local.

* Parece realmente un barco a punto de zarpar!


Quim Xena
Septiembre de 2009

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Quim Xena: vivencias de un músico. Capítulo 13º

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Quim Xena: "mi idea es ir introduciendo al posible lector en el mundo de las habaneras empezando por mis propias vivencias."


Afinando la vieja guitarra
CAPÍTULO XIII



Llegado el Mas de Can Roquer encendí fuego, me quería hacer una tostada con ajo y aceite, justo para acompañar el vasito de vino que me apetecía. Me quedé en silencio deleitando tan exquisita y simple comida y escuchando, sólo, el rumor de mis dientes morder el pan.

Acto seguido me puse a trabajar.

Como siempre, tenía que distribuir el tiempo de estudio en los dos proyectos que me ocupaban: un rato dedicado a la interpretación de las habaneras y otro en la musicación de los poetas catalanes. Y así hasta que se me hizo de noche.

Puse la radio para saber la hora. Medianoche.

Un buen momento para hacer un repaso a la lista de pubs que me había pasado el buen Miguel de Hot Bambú. Me puse a marcar con una x los que tenía más cercanos y a los podía llegar en bicicleta. Empezaría por el Castellet de Palamós, el Teatret de La Bisbal y el Poc a Poc de Llafranc. Aquí ofrecería mi vertiente de cantautor.

Y antes de ir a dormir todavía di un último repaso al trabajo que me esperaba hasta tener mi repertorio de habaneras. Por un lado me hacía falta adaptar la tesitura de las que ya conocía a mi voz de bajo y, por otra, estaba firmemente decidido a componer varios arreglos para guitarra solista.

Al día siguiente, fui a Calella. Era hora temprana, justo cuando los cuatro pescadores de la villa iban llegando del mar. Los ayudé a amarrar los botes en tierra firme y me quedé un rato viéndolos elegir el pescado que llevaban a las piezas y escuchando como charlaban. No traían muy gran pesquera pero era de calidad.

Narcís, viejo lobo de mar sobrio, meticuloso y inteligente, me hizo su habitual entrevista. Diría que ya lo sabía todo de mí.

- Y tu guitarra como va? Y todavía pintas? ...
- Pintar? - Me cogió desprevenido, ya casi ni me acordaba de esta faceta y gracias a Narcís me di cuenta que todavía tenía un montón de miniaturas para vender - Cualquier día de estos volveré a mi puesto de la plaza del Port Bo, quizá el próximo domingo.

Me despedí de los pescadores y entré en casa de Raquel a tomar un café. La encontré atareada limpiando mesas y preparándose para empezar a servir desayunos.

Ese día tenía que ir a encontrar el campesino de Palafrugell para comprar el plantel del huerto y, además, tenía que rellenar la despensa para poder pasar otros cuatro o cinco días estudiando sin salir de la casa.

El recital del sábado en el pub fue bastante bien, pero una vez acabado el dueño me hizo saber que a partir de ese momento, a las puertas de la semana santa, suspenderíamos las actuaciones hasta pasado el verano.

- Has mejorado mucho la interpretación de las habaneras. Sigue así - también me dijo.

Cuando salí del pub olí el aire fresco de la noche. Me sentía bien. Había cumplido satisfactoriamente el trabajo que yo mismo me había encomendado y ahora me sentía aliviado (además de llevar cuatro dineros en el bolsillo que me permitirían seguir haciendo la mía hasta que llegara otra oportunidad).

Al día siguiente me levanté un poco perezosamente de la cama y, como quien dice, a la hora que los trabajadores normales paran para ir a comer.

- Privilegio de ser artista.

Me puse a hacer mis ejercicios de yoga y, sin desayuno, me encaminé a casa del vecino para comprar huevos y leche.

Él me recibió con una sonrisa y acto seguido nos pusimos a hablar del tiempo.

- En esta punta del mundo no suele llover mucho. Si viene una tormenta de la banda de las Guilleries o del Canigó puede llover a cántaros en La Bisbal y, en cambio, en Palafrugell sólo mojar las calles. Si viene una tormenta de la banda de mar, sobre todo de levante, nos podemos anegar todos ...

Yo lo escuchaba y evidenciaba la sequía que estaba sufriendo l'Empordà, tierra ya constantemente sometida al secaje de la ventolera. Últimamente no llovía, ni mucho ni poco. Sólo un chaparrón de vez en cuando, incapaz de remojar los bosques y los pastos como haría falta para elevar la reserva de los pozos hasta unos niveles apreciables (del pozo de casa sólo se sacaba tres o cuatro cubos al día) Quedaba sólo la esperanza de descubrir qué nos tendría reservada la imprevisible primavera que entonces despuntaba.

Vuelto al mas desayuné una buena tortilla de espárragos (que había ido recogiendo por el camino). Cuando me tomaba el vaso de malta, me vino a la memoria el sueño que había tenido la noche anterior. De repente me di cuenta que no rememoraba un sueño. La grata experiencia vivida en mi última actuación en el pub había sido un hecho real.

- Estás como un cencerro - sólo pude reírme de mí mismo.

Quizá ese acercamiento entre la realidad y la ficción era una buena señal de que por fin enfilaba el camino correcto de mi vida.

Cogí la guitarra. Objetivo del día: la habanera. Nuevo hito: presentar mi repertorio en Can Batlle, ante un público entendido.

"Mi musa no me abandona. Ella sigue fiel y constante en mí y me da confianza. La busco y nos encontramos en paseos a la orilla del mar o por perdidos caminos del bosque. Ella, incorpórea, infinita y bondadosa. A veces siento como me acarician el pelo cuando el viento les hace ir a su antojo ".

- A veces pienso que estoy tocado de tramontana!

Una expresión a menudo mal interpretada por los que no saben bien de qué se trata. Nada que ver con el zapatero de Ordis que la quería adiestrar con una caña del río Manol.

Quim Xena
Agosto de 2009



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